Ricardo Antonio Meade Villarreal

@MeadeRicardo

Sobre las próximas elecciones intermedias se repiten dos consignas: que será la elección más grande de la historia y que MORENA va a arrasar.

Lo primero es verdad, esta será la elección más grande de la historia de México. Se van a  disputar 21000 cargos de elección popular: se renueva por completo la Cámara de Diputados, así como 30 congresos locales, 15 gubernaturas y 1900 ayuntamientos con sus respectivos síndicos, regidores y concejales. 

La otra consigna es un poco más problemática. Algunos han referido que al triunfo de Andrés Manuel Lopéz Obrador en los pasados comicios de 2018 como un tsunami no es una expresión exagerada. En esa elección se registró el mayor número de votos en una elección hasta la fecha, el 63% del padrón emitió acudió a las urnas, esto equivale a 55 millones de sufragios. AMLO obtuvo el 53%, 30 millones, de los votos válidos emitidos. No obstante, MORENA obtuvo el 37% de la votación, algo así como 21 millones de votos, a la Cámara de Diputados. Entre AMLO y MORENA hubo una diferencia de 16 puntos.

También se ha repetido que AMLO es un presidente muy popular. Mentira. Si comparamos su popularidad con la que tenían Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto antes de los comicios intermedios en sus respectivos sexenios, AMLO no es particularmente querido. Salinas y Calderón eran claramente más populares y solo Peña Nieto era mucho menos aprobado. De estos 5 presidente Salinas y Peña Nieto fueron los únicos que ganaron sus elecciones intermedias. 

Lo que sucede es que la popularidad del presidente no juega en las elecciones intermedias. No lo hace porque no está en la boleta, a pesar de que lo intentó. Es una elección eminentemente local, la gente vota por las agendas ejecutivas en los estados y municipios. En lo local MORENA no existe, en las elecciones del año pasado no ganó ningún distrito en Coahuila y solo consiguió 6 municipios en Hidalgo.

Además, por regla general un partido en el poder no gana una elección en medio de una recesión económica. Así como hoy, también la había en el 97, 2003 y 2009 cuando Zedillo, Fox y Calderón perdieron sus respectivas elecciones intermedias. No había recesión en el 91 ni en 2015, años en que Salinas y Peña triunfaron en la intermedia.

Según datos oficiales, en México han muerto prácticamente 200 mil personas a causa del Covid 19, además seguimos padeciendo la inseguridad de la guerra contra el narco que ha costado más de 70 mil vidas y 17 mil desaparecidos en lo que va del sexenio. Además, de acuerdo con el último informe de la CEPAL hay 22 millones de nuevos pobres. MORENA no lo está haciendo bien. No es el cambio que prometió en la campaña.

La prueba es que a MORENA se le están cayendo sus números, es evidente en todas las encuestas. Hace 3 meses encabezaba las preferencias en 14 de las 15 gubernaturas que se disputarán en julio. Hoy ya pierde 6 estados. Este dato puede parecer favorable para MORENA pero significa que está perdiendo millones de votos. 

Sin embargo, a favor del partido del presidente juega la oposición que es francamente patética. La alianza PAN-PRI-PRD viene a confirmar su narrativa sobre la «mafia del poder». Es una oposición a modo que no logra crear un relato más allá de sus posturas alarmistas. Están atrapados en el juego de espejos que les plantean desde palacio. Son incapaces de producir y disputar significados. 

La victoria electoral de AMLO en 2018 fue resultado, entre otras cosas, de su capacidad para lograr significar la idea de cambio, hoy mucha gente que votó por esa idea está decepcionada. Sin embargo, es cada vez más claro que en México hay una discusión de derechas. Por un lado están los conservadores desde la máxima “que nada cambie para que todo siga igual”; y por el otro los gatopardistas, “que todo cambie para que todo siga igual”. En otras palabras: están los conservadores en la oposición contra los conservadores en el poder.

A mi no me interesa adscribirme a ninguna de ambas, el problema es que no hay otras opciones, ninguna fuerza política propone algo diferente.

Claramente, la oposición más fuerte es el movimiento feminista. Pero no es una oposición electoral, no va a estar en la boleta ¿donde voto por ellas? Las feministas ponen discusiones en la mesa, tienen una agenda, la oposición institucional no. Este país se encuentra ante una profunda necesidad de oposición electoral.

En este contexto lo que va a haber será mucha abstención. Y es por eso que la discusión de fondo que necesitamos tener como país está en el problema de la representación, o más específicamente: del acceso a la representación. Nuestro sistema democrático es cerrado, de cuotas y cuates. El defecto está en que los partidos tienen secuestrada la boleta. Deciden quien puede ser candidato.

Si queremos comenzar a construir democracia en este país el primer paso es recuperar la boleta para los ciudadanos, obligando a los partidos a tener elecciones abiertas para todos los cargos y quitando los candados para la constitución de nuevos partidos políticos.

Por último, dos elementos: esta pinta para ser la elección más violenta de la historia, no ha empezado y ya asesinaron a más de 60 precandidatos; y vivimos en un país profundamente pobre y desigual. No podrá haber democracia plena en México mientras el ejercicio del acceso a los cargos de elección popular signifique un privilegio de clase y poner en peligro la vida.