Nidia Andrade

@nidiaac97

Hace un año participé por primera vez en la movilización del 8M convocada en Ecatepec, Estado de México. A pesar de que es el lugar en donde nací y vivo actualmente, en años anteriores había marchado en la Ciudad de México. Iniciamos a las 9:00 AM en la cabecera municipal, algunas nos trasladamos al medio día a otra movilización en Jardines de Morelos, otras lo hicieron a Cuautitlán Izcalli y finalmente unas más llegaron a la Ciudad de México. Había mucho entusiasmo por acudir a la multitudinaria marcha en la capital, la cual registró a por lo menos 80 mil asistentes (aunque sabemos que fueron más).

A un año de ese 8M disruptivo, masivo, el que por fin llegó a una gran cantidad de mujeres que probablemente marchaban por primera vez, vale la pena reflexionar: ¿cómo llegamos al 8M 2021? ¿Qué se ganó y se perdió en el movimiento feminista a lo largo del 2020? Y sobre todo, ¿a qué nos enfrentamos ahora? ¿Qué sigue?

Inevitablemente tenemos que hablar de cómo la pandemia llegó a nuestras vidas. Para muchas de nosotras seguramente fue desmoralizante el hecho de que, prácticamente a la siguiente semana de ese histórico 8M, ya teníamos la indicación de quedarnos en casa y aislarnos. Sin embargo, la violencia no se detuvo, y pronto comenzamos a hablar del incremento en llamadas de emergencia (que el presidente en sus conferencias matutinas se encargó de negar), de la falta de refugios para mujeres en situación de violencia, del riesgo que enfrentan las niñas en sus propios hogares de ser víctimas de un abuso sexual perpetrado por familiares… y seguíamos compartiendo en nuestras redes sociales fichas de búsqueda y notas sobre feminicidios.

Algunas pudimos trasladar la mayor parte de nuestra vida a la virtualidad, en donde se exploraron nuevas estrategias para mantener vivas las consignas que se gritaron días antes de la pandemia. Incluso, se encontraron formas de protestar en este espacio, ya sea mediante “pintas” virtuales, o colgando algún pañuelo verde que fuera visible en el fondo de las clases por Zoom.

Las movilizaciones presenciales tampoco pararon y, con ellas vino una oleada de represión que se esparció a lo largo y ancho del país: de Ciudad Juárez a Quintana Roo. Vale la pena mencionarlas y no olvidarlas: el 22 de septiembre, en León, Guanajuato; 6 de septiembre, en Ciudad Juárez, Chihuahua; el 11 de septiembre, en el Estado de México; el 28 de septiembre, en la Ciudad de México; el 7 de noviembre en el Estado de México; y el 9 de noviembre en Cancún, Quintana Roo [1].

Por otro lado, cada vez se hizo más evidente la ruptura entre el feminismo trans-incluyente y trans-excluyente. El debate en redes sociales comenzó a ser más violento, hasta que dejó de ser un simple intercambio de tuits agresivos y trascendió fuera de ellas. Fuimos testigxs de ataques directos hacia personas, organizaciones e identidades. Un ejemplo, fueron las pintas en las fachadas de antros LGBT: “Los trans violan” y “LGBT mierda misógina”; o cuando la cantante Mon Laferte canceló su participación en un concierto para recaudar fondos en la Okupa Cuba por los señalamientos de que de ahí provenían las pintas transfóbicas. Finalmente, vimos como grupos autodenominados radicales y separatista convocaron a movilizaciones en contra de la aprobación de las leyes de identidad de género en Puebla y el Estado de México.

Por último, ya entrado el 2021, escaló el conflicto alrededor de la jornada electoral por la candidatura de Félix Salgado Macedonio a la gubernatura de Guerrero. Las declaraciones del presidente lejos de ayudar agudizaron la situación incluso dentro de su partido, donde a la fecha sus militantes exigen que el candidato renuncie, porque un violador no será gobernador. No debería serlo. No debería siquiera existir esa posibilidad.

En medio de todo esto (y seguramente hay cosas que quedaron fuera de este breve recuento), llegamos al 8M 2021. Esta vez, por trabajo y por temor a la pandemia, no marché en Ecatepec ni en ningún lado; pero, sin duda ha habido avances en la necesaria descentralización del movimiento. Aunque los contingentes en otros estados siguen siendo pequeños en comparación con los de la Ciudad de México, cada vez vemos y escuchamos más sobre qué ocurre en el Estado de México, Guanajuato, Sonora, Hidalgo o Veracruz. Las feministas ya estamos en todos lados. La represión, también.

Otra cosa que fue más evidente este año es el llamado purplewashing; es decir, empresas y corporaciones colgándose del movimiento. Quizá sea una consecuencia inevitable de su popularización. Y aunque siempre será preferible que haya cada vez más mujeres unidas en contra de este sistema patriarcal, debemos avanzar con otras preocupaciones: no dejarnos llevar por discursos corporativos que únicamente buscan vendernos un producto sin transformar nada realmente.

A nivel político-electoral, ya tenemos claro que el presidente no será un defensor del movimiento feminista. Por el contrario, ha decidido reiteradamente ignorar, minimizar o tergiversar sus exigencias. Sin embargo, también ha señalado algo cierto y de lo que tenemos que estar vigilantes: ¿desde cuándo lxs panistas, o los grupos que históricamente han obstaculizado nuestros derechos se volvieron feministas? Sospechoso, sin duda… o quizá, entendible con las elecciones intermedias tan cercanas.

Estos elementos —pandemia, represión, fragmentación del movimiento y actores político/electorales— nos obligan a por lo menos reflexionar de qué otras maneras podemos movilizarnos y relacionarnos. Por un lado, las autoridades ya saben qué esperar y cómo responder ante una movilización feminista; mientras que lxs que aspiran a ser autoridades, ya se aprendieron nuestras consignas. ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados ante los discursos de odio que siguen ganando terreno? Y finalmente, aunque sigue habiendo una pandemia allá afuera que cobra miles de vidas, ¿vamos a seguir pensando en movilizarnos masivamente por ser la opción más inmediata?

El 2021 no pinta fácil para el movimiento feminista. Quizá vale la pena volver a lo más básico: a tener diálogos directos y constantes. A reflexionar qué significan las consignas antes de repetirlas en todas nuestras redes sociales. A tomar consciencia del territorio en donde militamos, porque no todo lo que ocurre en la Ciudad de México puede replicarse.  Y finalmente, a tener más claro que nunca, porque sigue siendo necesario (o no), nombrarse feminista.

Notas:

  1. En el sitio “La policía no me cuida” se describen los hechos y se recoge evidencia periodística de los actos de represión que marcaron el 2020. A este, habría que añadirse el 8M 2021. https://lapolicianomecuida.org/

Créditos de la foto: Nadia Rodríguez